Herederos de una
tradición plurisecular, los perfumes franceses representan hoy gran parte de las
exportaciones mundiales y cuatro de los ocho principales grupos del sector son
franceses. Un producto evanescente por excelencia que genera miles de empleos y
colosales cifras de facturación. El perfume es además un producto de lujo que no
cesa de democratizarse y un sector que desde hace unos años conoce importantes
transformaciones.
No es habitual
que un sector industrial tan importante encierre tantas paradojas: quintaesencia
del lujo, de la sensibilidad. Y del refinamiento, la industria del perfume es
también un negocio de poderosos empresarios, expertos en marketing y publicidad
a escala mundial. A pesar de su connotación frívola, este producto ha atravesado
sin demasiados problemas la ultima recesión, en Francia, nueve de cada diez mujeres y uno de cada dos hombres se perfuman.
Aunque herederos de una tradición plurisecular, los perfumistas franceses se
sirven no obstante de las últimas tecnologías.
Concebidos
por grandes creativos (las famosas "narices" que saben mezclar las esencias), al
tanto de los últimos descubrimientos de la química así como de la cotización de
las costosas materias primas naturales, esmeradamente embalados, bautizados con
nombres sugestivos, firmados por los más prestigiosos nombres de la moda,
también los perfumes se están democratizando, llegando en la actualidad a
exhibirse en los estantes de los hipermercados. Paralelamente no sólo atraen
ahora a las mujeres, sino cada vez más a los hombres, a los jóvenes e incluso a
los niños, un mercado en plena expansión .
Francia ocupa un
lugar destacado en este sector con cuatro empresas en el pelotón de cabeza,
seguidas de otras muchas algo más modestas. Todas juntas representan un mercado
interior en Francia 5,800 millones de
dólares (incluidas todas las marcas), a los que se
añadían cerca de 1,000 millones de dólares
de importaciones y 5,900 millones de dólares de
exportaciones en 2004. Sin olvidar que los perfumes franceses representan gran
parte de las exportaciones mundiales del sector.
Una centena de
lanzamientos al año
En 1995 al igual
que en 1994 se lanzaron una centena de nuevos perfumes que comportaron otras
tantas operaciones de gran envergadura. En Otoño de 1995 , a finales de año, coincidiendo con las fiestas
navideñas), Lancôme lanzó Poême, Dior Dolce Vita, Cartier So pretty, Jean-Paul
Gaultier le Mâle o Lalique Nilang y por supuesto, otra media docena de perfumes
firmados por diseñadores italianos o americanos, en mucho casos fabricados por
los grandes de la profesión. Lanzamientos cuyo coste publicitario asciende a 20 millones de dólares en el caso de Cartier, el triple
para los perfumes de Dior y de Lancôme (sin contar el coste del concepto, la
presentación del frasco y embalaje, etc., que representa cerca de 100,000 dólares).
La cosecha de
1996 también fue prometedora, aunque provenga de marcas menos conocidas. Así Paco Rabanne lanza su Paco con un fuerte apoyo publicitario en prensa y televisión,
Gianfranco Ferré su Geffeffe, Michel Klein un parisino Rendez-vous, Gianni
Versace Blonde, Regine's Palace y Tiffany Trieste. No hay descanso para el
perfume. Los lanzamientos se suceden y las marcas apuestan mucho. Desde el
lanzamiento mundial de Poison de Dior en 1987, cualquier lanzamiento ha de ser
mundial y a gran escala para triunfar. Es decir para alcanzar un volumen de
negocios anual minimo de 300 millones de dólares.
Producto frívolo
de efecto fugaz, el perfume es objeto de una industria de considerable
importancia. Los franceses están ampliamente representados entre los grandes del
sector. Así L'Oréal ocupa el segundo lugar, tras el grupo americano Estée Lauder,
con un volumen de negocios en perfumería de uno 1.500 millones de dólares. El campeón francés del perfume y la cosmética
fabrica y distribuye las marcas Lancôme, Ralph Lauren, Cacharel, Guy Laroche,
Giorgio Armani, Paloma Picasso y Lanvin. Justo detrás: Louis-Vuitton-Moët-Hennessy
(LVMH), propietario de Christian Dior, Guerlain, Givenchy y Kenzo (volumen de
negocios: cerca de 1,200 millones de dólares).
También está
presente el grupo Elf Aquitaine mediante su filial Sanofi, con las marcas Yves
Saint Laurent, Nina Ricci, Van Cleef & Arpels, Oscar de la Renta (y un volumen
de negocios de 1.000 millones de dólares). Por su
parte Chanel registra un volumen de negocios de 800
millones de dólares con la marca del mismo nombre y Ungaro. Podemos constatar
que los principales grupos coleccionan multitud de marcas y, algunas que parecen
italianas o americanas pertenecen a grupo franceses. Fruto de un intercambio de
experiencias, el perfume del diseñador Jean-Paul Gaultier el frasco representa
un busto femenino has sido realizado por el japonés Shiseido.
Detrás de estos
grandes grupos, viven o sobreviven multitud de pequeñas firmas. Así Cartier
(volumen de negocios: 65 millones de
dólares para el perfume, o sea del 5 al 7% de la facturación global del grupo), Annick Goutal (grupo Taittinger), cuyos "jarabes" muy elaborados no han alanzado
todavía gran notoriedad. También son numerosas las casas de prestigio que han
lanzado perfumes, como por ejemplo el joyero Boucheron o las cristalerías
Lalique. Al igual que otras marcas menos conocidas como Ulric de Varens, campeón
de los perfumes baratos, distribuidos, al menos en Francia, únicamente en
supermercados e hipermercados.
Una industria en transformación

La fábrica de perfumes Molinard en Grasse hacia 1900
Industria de vieja tradición en Francia, la perfumería de la que Grasse (en la
Costa Azul) es la capital desde el siglo XVIII , vive hoy una
profunda transformación. Los fabricantes de productos detergentes han entrado,
en efecto, en este mercado cuyo crecimiento consigue resistir a las crisis
económicas. Este es el caso de los americanos Procter & Gamble, Unilever y
Johnson & Johnson estos últimos años. Pues estos grupos, que muchas veces están
especializados en productos de higiene y de belleza, se sienten tentados por
completar su gama ascendiendo a la cúspide del mercado: el lujo. Por eso
Unilever adquirió en 1989 el grupo Fabergé-Elisabeth Arden, así como Calvin
Klein. Además posee las licencias de Scherrer y Lagerfeld.
Procter & Gamble
había comenzado con marcas "medias" como Oil of Olaz y Vidal Sassoon. Al comprar
el grupo de cosmética americano Max Factor, adquirió las licencias de Hugo Boss
y Laura Biagiotti. En 1994, el grupo compró Giorgio of Beverly Hills. La marca
de detergentes alemana Benkiser también ha logrado gracias a una intensa
política de adquisiciones reconvertirse, con los perfumes Coty y los productos
Nikos.
La aparición de
nuevos grupos en el sector tiene dos repercusiones: por una parte se intensifica
la competencia, lo que explica la inflación de los costes de lanzamiento. Por
otra, los fabricantes de detergentes llevan a cabo técnicas de venta totalmente
diferentes de las de los grandes perfumistas, sirviéndose de la gran
distribución. Hasta hace poco Guerlain no quería oír hablar más que de
distribución selectiva. En París solamente se vende en sus propios
establecimientos. Pero los perfumes se introducen cada vez más en los circuitos
de la gran distribución, junto a fragancias más modestas, como las aguas de
colonia por ejemplo.
Así, Pierre
Cardin ha dado el paso y autorizado la venta de sus eaux de toilette en los
supermercados. Según Cartier esta evolución parece irreversible, y al igual que
el champán, el perfume se venderá pronto en todos los supermercados e
hipermercados. Para algunos expertos, por el contrario, la cosa no está tan
clara y piensan que las grandes marcas pueden defender perfectamente sus redes
de distribución selectiva (perfumería, grandes almacenes...). En sus manos está
controlar la distribución. En cualquier caso, en 1995, las ventas de la
distribución selectiva disminuyeron un 2,5% mientras que el volumen de negocios
global, aumentó con sus 12.900 millones de dólares
un 5,3%. De lo que no cabe duda es que la batalla mundial del perfume promete
ser dura. Sobre todo teniendo en cuenta que en Sud America, Asia y en los países
de Europa del Este hay imitaciones de muy buena calidad y a precios mucho mas
baratos, como es especialmente el caso de nuestros aromas.